"Hasta qué punto puede influir en la vida de uno la conjunción de su nombre con sus apellidos? Tal vez no demasiado. Tal vez no demasiado si tu nombre y apellidos no son Tomás Turbado Amiano"
Después de años siendo empleado, en calidad de simple becario, en una oficina dependiente del Ministerio de Hacienda (en la cual llegó a ejercer, incluso, como chico de la limpieza), Tomás acude a su primera jornada laboral - esta vez - como... ¡Funcionario de Hacienda!. Sin embargo, ni aún así será posible, en un principio, ganarse el respeto y amistad de sus colegas de trabajo. Y es que el comienzo de su aventura no es otra cosa que el retorno a sus viejos miedos:
Una madre que de improviso hace las veces de okupa para desvelar un turbado pasado; un antaño mejor amigo en cuyas dotes de interpretación no cabía el papel de padrastro, un hijo con aspiraciones de sucedáneo de Rocco Siffredi; una ex mujer de vista afilada que comenzará a tener graves problemas matrimoniales por su ciega capacidad de resolución para con su oficio como psicóloga y su mutante capacidad de conversión en paciente; una secretaria de acento sudamericano y nombre en diminutivo cuyas flechas del amor Cupido no supo arrancar; un exiliado cubano de profesión médico-cirujano cuyas buenas acciones no reciben el beneplácito merecido; otro médico, no cirujano, de apellido Cluni e inevitables aires de donjuán... porque sí; un jefazo las más veces cabrón que benévolo (un cuasi Jekyll y Hyde moderno); un archienemigo -becario, a su pesar- engominado y con la rémora de una infancia sin cariños, abrazos y variados; la llegada de una atractiva becaria a la oficina con un trasfondo -aún- visceralmente poco entrenado...
Esto es solo el principio de la increíble, inolvidable, inabordable, imposible, inexplicable... inefable historia de Tomás Turbado, funcionario.








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